Todas las personas que conocemos llegan a nuestra vida por un motivo o una razón, con esta filosofía es con la que comenzamos el viaje y con la que seguimos transitando el territorio Nacional.

Queremos hacer hincapié en esto antes de comenzar con el relato ya que la historia que sigue tiene lugar en esta aventura gracias a que sabemos leer las señales del destino. En nuestro camino a la Quiaca no habíamos planeado la visita a un pueblito del norte de Salta llamado Iruya, pero cautivados por las recomendaciones de mucha gente que conocimos en el camino, decidimos darle un lugar en esta travesía.

Mañana del 8 de Noviembre, estación terminal de Humahuca, 8.20hs. El colectivo Iruya S.A.(20 pesos) sale a horario con destino a la ciudad remota que comparte nombre con la empresa de transporte. El recorrido del bus comienza en la RN9 para llegar a una bifurcación y tomar la ruta 133. Allí el pavimento pasa a ser historia abriendo camino a un sendero de ripio.
Las siguientes 2.15hs son una aventura digna de ser vivida. No solo por la sensación de circular sobre ripio (similar a la  que deben tener los conductores de rally) sino por la emoción que genera la adrenalina segregada a causa de la estrechez del camino de cornisa que transita 41 giros de 360 grados (minuciosamente contados) y 24 curvas pronunciadas. Esto sin nombrar la excitación provocada del encuentro con algún vehículo que transite en dirección contraria… todo un desafío pasar al mismo tiempo!!! 
Se alcanza una altura de 4200 msnm para luego descender a 2730 msnm, el paisaje majestuoso se abre ante nuestros ojos como un abanico de colores y texturas. Un conjunto de montañas que se confunde con un arco iris permanente y palpable, que te hacen sentir un simple punto en la inmensidad de los alrededores.

La destreza y habilidad del conductor hicieron que llegáramos a destino sobre las 11.40hs sanos y salvos!! Al descender en Iruya un lugareño nos ofreció su casa como alojamiento, fue así como decidimos pasar la noche en el hospedaje de la familia Velazquez (20 pesos por persona) que nos quedaba bastante cómodo desde la parada del colectivo ya que Iruya se caracteriza por sus empinadas calles que parecen detenidas en el tiempo.

Luego de deshacernos del equipaje emprendimos caminata a San Isidro, un pueblo de 330 habitantes, al que se accede en 4×4, caballo, burro o a pie. Nosotros, como no teníamos 4×4 ni animales y nos sentíamos en poder de un estado físico irreprochable, encaramos el sendero caminando. El recorrido se hace siguiendo el curso del Río Iruya que se escurre en la quebrada y cuyo cauce desciende en sentido contrario a nuestro andar. Su agua fresca nos hidrato y ayudó a que el trayecto de 2.30hs se hiciera mas ameno a pesar de ser pleno mediodía.

No tardamos en darnos cuenta que estábamos en el medio de la nada con un paisaje espléndido desde donde lo miráramos y que acaparaba nuestra atención en su totalidad. Cosa que tuvo repercusión en mas de un tobillo, ya que era prácticamente imposible no caer en la admiración completa de la naturaleza acaparando nuestros 5 sentidos y dejando de lado la dificultad del camino de piedras. No hubo caídas ni golpes considerables solamente alguna torcedura que merecía ser nombrada!!!Finalmente llegamos a San Isidro con la lengua fuera… Compramos una bebida fría y azucarada para recuperar energías!!! Comimos en un comedor (casa de familia) una mas que bienvenida milanesa con arroz!!

 

Emprendimos, luego de una merecida pausa, el camino de vuelta. El regreso fue más fácil ya que la primer hora y pico era en bajada!!! lo bueno de haber subido tanto era saber que a la vuelta lo deberíamos bajar…Volvimos así a Iruya donde nos esperaban unos ricos mates, una ducha caliente y una cama que nos vería ir a dormir mas temprano de lo normal.

La mañana del 9 nos despertó con frío y nubes que irrumpían entre las montañas. Un paseo por el pueblo acabó en un comedor familiar tomando un tazón de café caliente y esperando a la hora de la comida para luego tomar el colectivo de regreso a Humahuaca a las 14hs.  
Deshicimos el camino que nos llevó a Iruya con la compañía Panamericano (15 pesos) y nos bajamos en el cruce a la espera del próximo bus con destino a la Quiaca.
Nuestro espíritu aventurero nos incentivó a hacer dedo y un camionero porteño llamado Fredy, calvo los frenos y muy amablemente nos llevo hasta Tres Cruces, al menos adelantábamos unos 35km de trayecto. Conseguimos agua caliente para mate y esperamos el próximo Panamericano a la Quiaca (12 pesos desde Tres Cruces) mientras conversábamos con un Gendarme y con Fredy.  
Sobre las 19hs, finalmente estábamos en la Quiaca buscando alojamiento. Dimos con un hotel ubicado en plena peatonal llamado Belgrano (30 pesos por persona en habitación triple).
A la mañana siguiente nos fuimos a Villazón en Bolivia con la inquietud de saber que se siente cruzar a pie la frontera. Hicimos algunas compras allí, visitamos la plaza principal y nos quedamos mirando un desfile que hacían por el día de Potosi, fecha que coincide con nuestra celebración del día de la Tradición.
Volvimos al mediodía para comer en el club social Sirio donde habíamos cenado la noche anterior y donde ofrecen una comida de primera calidad en un menú que no supera los 16 pesos el almuerzo con postre y 15 pesos por la noche sin postre.
Sobre las 15hs nos tomamos un taxi hasta Yavi (36 pesos iyv) un pueblito histórico que está a 16 km de la Quiaca y que escapa al caos y ruido de la ciudad. Visitamos la Iglesia que data del 1600 y caminamos por sus calles desoladas hasta llegar al mirador desde donde se obtiene una vista fabulosa del paisaje árido en contraposición al río y la vegetación que se alza a su paso.
De regreso a la Quiaca tomamos mate en la plaza principal donde tenía lugar un mini concierto en el que cantaban grupos locales y donde se ofrecía tortilla y mate para compartir. El viento dijo presente, el sol se empezó a esconder y el frío se hizo notar asique hicimos base en el club social hasta la hora de la cena y a las 23.30hs nos fuimos a la estación de bus de donde salía nuestro coche de vuelta a Salta.
Los colores, contrastes y sonidos. Los modos de vida descubiertos, la sencillez y la cordialidad de su gente. Las historias que compartieron con nosotros personas inolvidables que se cruzaron en nuestro camino y las realidades presenciadas en el norte del país se subían aquella noche en nuestra mochila y se quedaban guardadas para siempre…

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GALERIA LA QUIACA