Sorteando todo tipo de obstáculos y con la pena de no haber podido visitar el famoso cráter, salimos sobre las 13.30hs, con la empresa Facundo, en dirección a Talampaya (10 pesos). Luego de recorrer el desierto riojano y con lluvia llegamos, sobre las 16:15hs al Parque Nacional Talampaya.
El Parque Nacional Talampaya es una reserva natural y uno de los siete “Patrimonios de la Humanidad” declarados por la Unesco. Fue creado en 1975 como parque provincial con el objetivo de proteger importantes yacimientos arqueológicos y paleontológicos de la zona, y en 1997 pasó a depender de la Administración de Parques Nacionales.
En recepción nos dijeron que la última excursión al cañón había salido a las 16hs. BINGO!!! Parece que la mala suerte nos viene acompañando desde Catamarca!!!!!! Pero gracias a una parejita que llegó detrás nuestro y a la simpatía de quien nos atendía, nos organizaron una excursión de último momento (10 pesos entrada al Parque y 70 pesos excursión).
Fue así que con mate en mano atendimos las indicaciones e informaciones de los guías Fabian y NelsonSeguimos el cauce seco del río, a través del cañón que lleva su nombre. En Talampaya quedó guardada gran parte de la historia geológica de nuestra tierra, acumulados durante millones de años sus sedimentos quedaron al descubierto al elevarse junto con la cordillera de los Andes. Sus diferentes colores y texturas son prueba de la variedad de materiales que los conforman.
 
Hicimos la primer parada para descubrir el lenguaje de nuestros antepasados en los Petroglifos (grabados en piedra) que exponen milenarios dibujos y formas.
En la segunda estación visitamos el Jardín Botánico, situado en medio del cañón e
interactuamos con la espectacular naturaleza del lugar.
En la tercer parada nos acercamos mucho a las paredes de 150 metros de altura que conforman el Cañón y que a causa de la erosión del viento y el agua han tomado formas conocidas por nosotros como ser: La catedral Gótica que parece una réplica de la Sagrada Familia de Barcelona.
La cuarta y última estación nos ofrece una espectacular vista al valle y el cerro Famatina, rodeado por enormes piedras erosionadas de 40m de altura, entre ellas El Monje o El Botellón. El paisaje es por demás sobrecogedor e impactante. Así llegábamos al final del paseo.
Dejábamos atrás los rojizos e imponentes paredones, guardianes de milenarios secretos que despiertan por sí mismos la necesidad de que sigan suspendidos en el tiempo sujetos a los dictados de la naturaleza, para seguir nuestro rumbo.
La lluvia nos dio una tregua solo en la visita. Sobre las 19hs estábamos parados en la ruta esperando un supuesto micro que pasaba entre las 20 y las 22hs con destino a Patquia… Pero al ver que no pasaba nos tentamos a hacer dedo a un camión que se acercaba.
Sin dudarlo y compadeciéndose de nosotros, paro. Tony, el conductor, resultó ser un tipo del todo agradable, nos llevó a Patquia y nos hizo reír un rato largo. Cenamos algo frente a la estación en una pizzería muy recomendable donde Alfredo, nos atendió y recibió mejor que nadie. Dormimos en lo de Pancha, una casa de familia, por 25 pesos y a la mañana siguiente pasaríamos página y empezaríamos a contar otra historia.
Aca el resto de las fotos!
GALERIA TALAMPAYA