En el ómnibus de la empresa Expresso Singer con origen en Paraná viajando en coche cama durante toda la noche (243 pesos por persona con servicio de cena y desayuno, manta y almohada), llegábamos a Posadas sobre las 7.30hs. Desde allí nos dirigíamos a la ciudad de San Ignacio entusiasmados con la idea de visitar las ruinas de las Misiones Jesuíticas de San Ignacio Mini.La empresa Horianski realiza frecuentes trayectos que conectan Posadas con Puerto Iguazú (50 pesos ida o 70 pesos ida y vuelta) y que hacen parada en la terminal de San Ignacio (10 pesos a esta última).

Luego de la compra pertinente de pasajes llegamos al pueblo. Tranquila, casi desolada y con un sol que rasgaba la tierra, la ciudad se nos presentaba como el lugar perfecto para hacer una relajante visita a las Ruinas y disfrutar de otro día de camping.

Saliendo de la estación, cruzando la RN12, nos interceptó un lugareño que nos ofrecía información turística. Nuestra primer reacción fue decir “ya tenemos, gracias” sin querer prestar demasiada atención por desconfianza (típico de quienes vivimos en grandes ciudades desconfiando de todo el mundo). Sin embargo algo nos motivó a seguir a este buen hombre que tan amablemente nos llevó a su “casilla” de información. Se presentó a nosotros como Eduardo Ramirez y nos explicó pacientemente como estaba distribuido el pueblo y que tarifas deberíamos pagar para visitar las ruinas. Nos dijo que camino tomar para ir al hospedaje que teníamos visto y nos explicó cual era el verdadero atractivo de San Ignacio.

Nosotros creíamos que diría las Ruinas por supuesto, pero la convicción se vio abatida por la maravillosa propuesta que nos hacía “Lalo”. Allí en San Ignacio hay un increíble parque provincial llamado Teyu Cuare. Él nos ofrecía llevarnos hasta allí tan solo pagando el remis (70 pesos ida, espera y vuelta) guiarnos por las entrañas de la selva misionera y al regreso visitar una aldea de aborígenes guaraníes.

Nos dijo que su trabajo de guía era a voluntad, que nosotros le demos lo que nos pareciera…. Nos mostró unas cuantas fotos de los aborígenes que tenía decorando su “casita” y nos entusiasmó la idea de ver la otra realidad.

Nos fuimos al hospedaje “el descanso” que es una casa de familia donde han construido algunas cabañas y donde te dejan acampar por solo 12 pesos la noche por persona, teniendo a tu disponibilidad baño y ducha con agua caliente. Armamos la carpa, dejamos las mochilas allí y nos fuimos rajando al encuentro de Lalo que nos esperaba a las 12hs.
Nos subimos al remis, un Renault 12 del año de la escarapela, manejado por un simpático porteño llamado Jorge, quien buscando paz y el sentido de su vida, dejó la capital de una vez por todas para establecerse con su familia allí, en San Ignacio. Él nos contó la verdadera historia de Lalo…. este buen hombre trabaja independientemente tratando de ayudar a los aborígenes de la zona, ya que son apartados y discriminados de la sociedad, no les dan trabajo por el color de su piel o simplemente por ser diferentes.
Lalo es una persona con un gran corazón y que le apasiona lo que hace, llevar visitantes al interior de la selva y visitar los poblados aborígenes con el fin de que les compremos alguna que otra artesanía para ayudarlos a sobrevivir. Como podrán imaginar la historia nos conmovió y más convencidos estábamos ahora de que aquella elección había sido la correcta…
Luego de un paseo en auto de unos 20 minutos llegamos a los pies del Parque Teyu Cuare, que en guaraní significa Cueva del Lagarto. Unas vistas maravillosas hacían del lugar un sitio paradisíaco desde el cual podíamos casi tocar Paraguay.
Comenzó la travesía: subidas y más subidas, toda la primera parte fue un ascenso incalculable!!! Unas vistas privilegiadas permitían sacar unas fotos casi impensables. Fue así que poco a poco nos internábamos cada vez más en la selva…
Con los sentidos a flor de piel, cuidándonos de la posible amenaza de víboras y hormigas carnívoras (llamadas reducción), con 3 litros de agua y con 5 kilos de repelente estábamos en el mismísimo corazón del Teyu Cuare.
Visitamos la casa de un alemán nazi culpable de muchos asesinatos, que se refugió en la selva misionera en el 47 y que fue atrapado allí mismo años después. 
Luego de casi 2 horas de paseo emprendimos la bajada…..Otra vez en el auto nos dirigimos al poblado aborigen. Al costado de un camino de tierra roja y piedra y detrás de una escuelita bilingüe (guaraní-castellano) se levantan algunas casitas guaraníes.
Allí nos recibió el segundo cacique y nos presentó a su familia. Estuvimos compartiendo un rato con ellos, hicimos algunas fotos, compramos algún recuerdo y nos dispusimos a volver al centro de la ciudad ahora si, para visitar las Ruinas Jesuíticas.

La historia de Lalo y de los aborígenes nos dejaron otro sabor de boca que enriqueció la visita a las misiones. La entrada para argentinos cuesta 20 pesos y el espectáculo de luz y sonido otros 20 mas. Este último lo hicimos gracias a un chico que conocimos en la estación por la mañana que nos dijo que realmente valía la pena… y así fue.

Era como si todo ahora cobraba sentido para nosotros… las piedras inertes que allí se dejaban ver tenían ahora un sinfín de historias que contar, historias de amor, encuentro de dos culturas, tolerancia, pero empañadas por la lucha y finalmente el egoísmo de quien desde tan lejos llego a despojar a quien buscaba un futuro utópico de amor y paz.Terminó así la intensa jornada que comenzó queriendo ser un paseo turístico y acabó siendo una lección más para escribir en el libro de la vida…

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GALERIA SAN IGNACIO